Kitesurf: El placer de volar sobre el agua
Consolidado como el deporte más espectacular de las playas argentinas, el kitesurf convoca cada vez más adeptos, en parte porque es fácil de aprender, aunque conlleva riesgos propios de su estilo cargado de adrenalina.

Crossover es un concepto que se utiliza cada vez para más cosas.
Lo usan en la industria automotriz para designar modelos que son un poco de esto y un poco de aquello (autos con cara de camioneta todo terreno), y en el mundo de la música cuando un artista salta del estilo con el que tuvo éxito a otro (normalmente uno que le prodigará mayores ventas). Si se usara para los deportes, el kitesurf sería definitivamente un crossover. A la adrenalina y a la imagen cool del surf se le agregaron todas las virtudes (y los riesgos) del vuelo a vela ( parapente) para dar vida a un deporte que garantiza emoción. Y que ha crecido mucho desde aquellos pioneros que se veían en la playa y que generaban discusiones con frases como "te digo que no es windsurf" o "estos pibes quieren inventar el barrilete". Hoy hay unas veinte escuelas de kite desparramadas en una docena de ciudades como Buenos Aires o Mar del Plata, pero también en Córdoba, Bariloche o Claromecó.
Y está claro que son fundamentales, porque si alguien quiere practicar kitesurf debe tomar un curso. No solo para poder dominar no uno si no dos elementos (aire y agua), sino también para poder entender frases como ésta: no estar en la orilla con el kite en el Cenit (12) con vientos On-Shore (péndulo). Apenas una de las varias recomendaciones y medidas de seguridad que hacen que volar con un kite sea más divertido que peligroso.

En Buenos Aires, Quilmes y La Plata hay varias opciones para tomar cursos, pero en enero y febrero la Costa Atlántica se convierte en epicentro de la actividad. Porque las mismas escuelas Buenos Aires Kite Surf, Tobalkites, o la Escuela Argentina, ofrecen en esta época viajes y promociones a las playas desérticas y ventosas. La aún no designada capital nacional del kitesurf es Punta Rasa, en San Clemente del Tuyú. Ubicada a poco menos de 300 kilómetros de Buenos Aires, marca el límite entre el Río de la Plata y el Mar Argentino. Allí, se pueden "navegar" los vientos desde el SO, Oeste, Norte, NE y Este. Pero incluso con otras condiciones, los más avezados pueden sacarle el jugo al spot.
Dos días de curso, con ocho horas diarias en el agua y equipamiento incluido se consiguen desde $ 2000; en otros casos, se organizan viajes con los alumnos que ya culminaron su primera etapa de aprendizaje.
Más al Sur, otro lugar importante para aprender a volar es Mar Chiquita. A pocos minutos de Mar del Plata, en el centro creado por Ramiro de Acevedo Ramos aprender lo básico en tierra para poder ir al agua demanda cuatro horas con un instructor. En ese tiempo se aprende a leer los vientos y a manejar el equipo con seguridad. Luego, una segunda etapa implica comenzar a surfear y volar uniendo tabla, agua y viento en un una interacción furiosa.

Arenas solitarias
El kitesurf es un espectáculo para ver, pero su práctica no se lleva del todo bien con las playas más pobladas. Por eso alguno de los mejores spots son sitios con poca concurrencia, playas anchas y pocas probabilidades de interacciones complicadas.
En Mar del Plata, por ejemplo, lugares como Playa Grande, Acevedo, Cardiel o El Torreón están habilitadas fuera de temporada o en días en que no haya bañistas. En las Playas del Balcón, más al Sur, las cosas son diferentes y allí funciona una escuela y es posible aprovechar los vientos también en verano. En lugares como Claromecó, por ejemplo, las cosas son mucho más sencillas. Claromekite es desde hace una década el emprendimiento de Marcelo Rolón, que ofrece no sólo enseñanza de kitesurf, sino también de kitebuggy. Es que aquí, amplias fajas costeras permiten disfrutar metiéndose realmente dentro del paisaje.
Claromecó es el centro de un área de casi 100 kilómetros de playas. Agua, viento y lugares paradisíacos; un combo imperdible al que se puede ver desde el cielo con solo aprender a controlar un pequeño kite. Por eso no resulta extraño que todas las temporadas se realice aquí el encuentro Latitud Sur, a la sazón la primera fecha del año válida para el Ranking Nacional de la Asociación Argentina de Kitesurf. La AAK reúne a varias de las escuelas y reconoce (o no) a los instructores, pero además es un buen primer contacto con el deporte. Especialmente para encontrar la clase de consejos que ahorran problemas. Como este: "Cuando surge la inquietud o la curiosidad por el kite, lo fundamental es ir a la acción, es decir, dedicar los primeros esfuerzos a aprender y practicar el deporte, no a ir de shopping. La compra de tu primer equipo debe ser un acontecimiento posterior al de haber tomado un curso básico o introductorio". z we
Comunicado: cronista.com, Por Tomás Natiello








