El Museo Naval de Valencia

El Museo Naval quiere multiplicar por diez sus visitantes es cuatro años. En su estrategia expositiva están elaborando un Plan Museológico, han habilitado una sala de exposiciones temporales, van a renovar la fachada y a habilitar el acceso al museo por la gran puerta del Cuartel General de la Armada.

museo naval valencia
Fotografía: Diego Sánchez

En 1785 Antonio Valdés idea la posibilidad de crear un museo de la Marina para instruir a los guardamarinas. Por desgracia, el proyecto queda aplazado hasta 1843, cuando se adecúa un espacio en la Capitanía de Madrid, en vez de en San Fernando (Cádiz), tal como se había previsto en un principio. De ahí, este espacio cultural se trasladó a la Plaza de la Marina Española (del que recibe su nombre).

Por último, en 1932, el almirante Julio Guillén Tato promovió ubicarlo definitivamente en el Cuartel General de la Armada. El complejo cuenta actualmente con 10.500 piezas, de las que el 80 por ciento pertenecen a la Casa Real. No obstante, el Rey es el capitán general de la institución.

El centro ha mantenido su aire del siglo XIX. Es Museo Nacional desde 2009 y es el único que aún no cobra, aunque se está estudiando hacerlo, tal y como exige la legislación. Está sufragado en gran parte por el Estado, aunque se ha constituido un patronato para inyectar más liquidez a la institución. Cuenta con dos itinerarios en sus 24 salas abiertas al público: uno histórico, desde los Reyes Católicos hasta la actualidad; y otro temático, que trata la ciencia, las acciones militares, los descubrimientos y otros factores desarrollados por la Armada.

El centro ha mantenido su aire del siglo XIX. Es Museo Nacional desde 2009 y es el único que aún no cobra, aunque se está estudiando hacerlo, tal y como exige la legislación. Está sufragado en gran parte por el Estado, aunque se ha constituido un patronato para inyectar más liquidez a la institución. Cuenta con dos itinerarios en sus 24 salas abiertas al público: uno histórico, desde los Reyes Católicos hasta la actualidad; y otro temático, que trata la ciencia, las acciones militares, los descubrimientos y otros factores desarrollados por la Armada.

Nueva fachada 

El almirante Gonzalo Rodríguez González-Aller, director del Órgano de Historia Naval, que integra el Museo explica: «Recibimos 65.000 visitas al año y queremos multiplicar por 10 esta cifra antes de 2015. Tenemos material para ello porque nuestro archivo es el tercero después del de Simancas y el de la Casa de Contratación de Sevilla. Tenemos una ubicación privilegiada, vamos a renovar la fachada y a abrir la entrada principal del Cuartel General para dar continuidad al eje del arte que comenzará en el Palacio de Cibeles, y estamos realizando un Plan Museológico. Esperamos que todo este esfuerzo ponga la historia de la Armada ante los ojos de los ciudadanos». 

Entre otras actuaciones, la institución recibe visitas de colegios y centros de mayores y discapacitados. Ha abierto sus puertas en la Semana de la Ciencia, el Día Internacional de los Museos y la Noche en Blanco. Está digitalizando los documentos que alberga el archivo para que estén a disposición de los investigadores a través de proyectos europeos en Internet.

Sioux en el Guadalquivir 

El paseo es intenso tanto por la cantidad como la calidad de las piezas. La visita se inicia en la sala de los Reyes Católicos. Posee un cuadro de José de Garnelo muy conocido porque narra el homenaje de los indios a Colón a la llegada a América. También hay exvotos de barcos y artillería de hierro. Luego tomaron la batuta del reino los Austrias. En su habitación hay numerosas armas y modelos de arsenal de los buques. Eran maquetas que servían algo así como de planos para la construcción posterior de la nave. También conserva el único grabado completo del mundo de una vista de la ciudad de Sevilla en esa época. Entre los detalles que se desprenden en un vistazo, puede observarse los tipis sioux acampados a orillas del Guadalquivir, tal y como ocurrió realmente.

El espacio dedicado a la Guerra de Sucesión está centrado en una monumental maqueta del galeón Nuestra Señora de la Concepción de las ánimas. En los de Felipe V y Fernando VI se conserva el expediente de creación de la bandera española. Carlos III decidió convocar un concurso para adoptar un nuevo pabellón de Marina porque las banderas de los reinos borbónicos no se diferenciaban correctamente. La enseña elegida, salvo pequeños detalles, es la que se ha asentado como signo nacional. También merece la pena conocer los impresionantes modelos de barcos realizados por prisioneros franceses durante las guerras napoleónicas con material de desecho, incluso huesos de pescado y pelo humano.

Lepanto y Godoy 

El vestíbulo de honor acoge la mesa de piedras duras de Godoy en la que se firmó el acto de represión del 3 de mayo de 1808 que retrató Goya. Le sigue una gran sala temática de construcción naval que cuenta con maquetas de los barcos y arsenales españoles. También posee el atrio original de entrada del arsenal de San Fernando y una bandera de combate realizada por un discípulo de Murillo que se puso sobre una vela en la batalla de Lepanto.

Otra sala singular es la del pecio del San Diego, barco hundido en 1600 frente a las costas de Filipinas. Posee cerámicas, munición, porcelana Ming, banderas y otros elementos de un barco que participó en una alianza con China y Japón feudal contra los holandeses. La sala Trafalgar contiene la única banda que existe del pendón español bajo el reinado de José Bonaparte (sustituyó la flor de lis de los Borbones por el águila de los Napoléon).

La otra circunnavegación 

La Marina científica tiene varias estanterías. Isaac Peral tiene un espacio destacado. Este ingeniero fue el primero en conseguir la propulsión eléctrica en un sumergible y en conseguir que un torpedo funcionase en inmersión. También el estuche de instrumental de Wolchkmer. Salas dedicadas a armamento y a las colonias llevan al espacio de Isabel II, que expone la maqueta de la fragata Numenia, el primer vapor del mundo en circunnavegar el globo terrestre (al igual que Magallanes y Elcano, que hicieron lo propio en 1522).

A partir de este punto, hay habitaciones más pequeñas que narran la evolución de la Armada desde entonces. Destaca las maquetas de la voladura del Maine y del navío real Carlos, y el espacio dedicado a la Guerra Civil, en el que hay pendones de ambos bandos. También es importante la sala del Real Patronato, que recrea la cámara de oficiales de un barco del siglo XVIII, presidida por la bandera en la que juró bandera Don Juan de Borbón. 

Ilustración y Leyenda Negra 

Por último, la sala de los descubrimientos posee un enorme planisferio de todas las expediciones realizadas por España y uno de los primeros mapas del mundo que reflejaron América, elaborado por Juan de la Cosa. Mapas de Malaspina y Jorge Juan, dos globos (astronómico y terráqueo) de Coronelli, y un cuadrante solar de Felipe II que completan la colección, junto a una extensa colección de retratos de los conquistadores. 

Rodríguez González-Aller concluye incidiendo en que «hay que poner en valor la historia de la Armada Española en un país con una memoria marítima inexistente. Fue la Marina la que impulsó la Ilustración en el país y sostuvo todo un Imperio gracias a héroes que la Leyenda Negra ha enterrado en el olvido. La ciudadanía tiene que saber que siempre que España ha mirado al mar ha recibido prosperidad y conocimiento».

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *